El estigma sobre la enfermedad mental y las
personas que la padecen surge de muchas maneras, y hay muchas formas de
estigmatización, casi tantas como enfermedades mentales existen.
A quien tiene depresión se le considera débil de carácter y
apática. Sufrir ansiedad se asocia con incapacidad de autocontrol. La
esquizofrenia se liga a la violencia... El simple hecho de asistir a la
consulta de un psicólogo o un psiquiatra supone ciertas preconcepciones
sobre la persona, y de hecho se suele ocultar. El estigma tiene muchas
fuentes, incluso las más cercanas a la persona. Familia, vecindad,
amistades, incluso profesionales de la salud que la tratan pueden
generarlo, y está presente en todas las facetas de la vida de la persona
con enfermedad mental.Determinados factores arraigados en la sociedad, no siempre relacionados directamente con la salud mental, están asociados a la existencia de mitos y estereotipos que generan el estigma:
- Realizar generalizaciones erróneas sobre grupos de personas.
- Etiquetar y categorizar a las personas: Realizar juicios de valor fijándose sólo en las apariencias.
- Predisposición a la burla y el menosprecio de aquello que se aparta de lo normal.
- Aceptación acrítica de estereotipos transmitidos socialmente.
- Incapacidad para apreciar la diversidad individual en el desarrollo de la enfermedad mental.
- Vincular excentricidad, excepcionalidad y diversidad con lo patológico.
- Asociación entre enfermedad mental y exclusión social.
- Recelo a ser vinculado con alguien que tiene una enfermedad mental.
- Temor ancestral al enfermo mental. Miedo del ser humano hacia lo impredecible y desconocido
- Asociación, en algunos ámbitos, entre lo psiquiátrico y lo sobrenatural.
- Escasez de información y sensibilidad: Desconocimiento sobre la enfermedad mental
- Discriminación administrativa sobre aspectos rehabilitadores y laborales.
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